Maison de Las Heras 47

Buenos Aires, Argentina – 2025

Recuerdo perfectamente el día que conocí a Mari. Me cautivó su esencia: una artista a la que los retos potencian. Su búsqueda personal, la materialización de las ideas y la puesta en escena hacen de esta alma un ser excepcional. Empoderada, luchadora y con una estética bella, Mari cautiva la vida a su paso.

De su mano empecé cerámica, un mundo completamente desconocido para mí, pero sumamente interesante. Allí descubrí que puedo pintar; en realidad, descubrí que todos podemos lograr lo que deseamos.
Entre reuniones y charlas, me sorprendió con una propuesta única: restaurar una casa que conectaba directamente con las raíces de su familia. Madre de 3 hijas y mujer todoterreno, Mari no planeaba una reforma común.

No era cualquier casa… era la casa. Un proyecto restaurado íntegramente a partir de piezas olvidadas a las que ella les devolvía el potencial. Desde una piedra o una baldosa vieja, hasta vidrios y cerámicas usadas; cualquier objeto se transformaba en arte en sus manos.
Al ver su visión, lo comprendí de inmediato: la esencia del diseño debía enfatizar ese arte, evitando que el resto de los elementos compitieran con la escenografía.

Arquitectura con propósito: Levantamos techos y reparamos la historia transcurrida en esas paredes.
Luz y neutralidad: Creamos un luminoso corredor que funciona como el marco perfecto para la obra principal.
El gran impacto: Un mural enorme que destella desde la calle y transforma el entorno.

Mirar esa obra desde adentro nos recuerda que las oportunidades existen. Nos enseña que redescubrirnos nos potencia y nos otorga, finalmente, la posibilidad de iluminar a los demás.
Así lo hizo Mari conmigo. Hoy, todavía brilla en mis ojos el recuerdo de tan hermoso don.